miércoles, noviembre 26, 2008

Canción Pequeña


Ivanna quiere ser canción y tararearse inasible y colorida por las vocales del mundo. Una de arañas descalzas trepando paredes de polvorón, de estrellas desaparecidas en la cartulina azul del cielo, de tormentas de caramelo endulzando las aceras de hojaldre.

Se canta y se silba nota por nota, entre las pautas sepias de un cuaderno, entre su cabello despeinado por la batalla oscura con la almohada y mi estupor y piyama de hombre grande. Se interpreta haciendo cariños a las cuerdas de la guitarra, inventando generosos arpegios y afinaciones imposibles. A menudo también, se queda dormida al aterrizar a bordo de un acorde, al mezclar su música con el medio día.

Quiere ser una canción lisonjera y cautivadora. Una canción gambusina que viaje al oeste en una diligencia, una melodía delincuente que transgreda el paisaje llano, sin pentagramas. Brotar de entre la tierra mojada y como una percusión o un metal sumarse a una orquesta de intentos.

Enciende una lámpara de notas que rebautiza con el agua de su voz de lajas. En su fado personal, en su tango íntimo, introduzco mi oreja para escucharla vivir en sol mayor. Quiere ser canción y correr por las teclas blancas y negras de un piano en medio del mar, ser la espuma rosa del sonido, el aroma tibio de un ritmo en el péndulo del tiempo. Quiere tocar la marea en el pulso del silencio repleto, descubierto y cantante.

Texto y foto: Rafael Ortiz.